sábado, 16 de octubre de 2021

“Fuego en el cuerpo” de Lawrence Kasdan, 1981.

 

Las libertades que teníamos los niños y las niñas a la hora de ver las películas o las series, era diferente a la de hoy en día. En aquellos tiempos, los rombos de la televisión y las distracciones de los padres para que no viésemos una escena cargada de contenido sexual o de terror, eran las armas del momento. La más temida o drástica era la orden: “es hora de acostarse”. Aquellas secuencias de entonces, comparadas con las de hoy en día, tendrían la denominación “para todos los públicos”. Si al comenzar la década de los 90, “Instinto básico” de Paul Verhoeven (1992), hacia arder los cines, en 1981, las pantallas se derritieron con la exhibición de uno de los grandes títulos de la década: “Fuego en el cuerpo” de Lawrence Kasdan, 1981.

Aún recuerdo, cuando en la pantalla del cine salía unas imágenes subiditas de tono. Mi padre se empleaba a fondo. Su técnica era arrojar a la oscuridad del patio de butacas, su llavero. Mi hermano y yo, teníamos que buscarlo mientras discurrían tal secuencia. El recuerdo de ver “Fuego en el cuerpo” lo tengo algo nublado, pero de seguro que mi padre puso en práctica su técnica.

Fotograma de la película

Lawrence Kasdan era por entonces el niño mimado de Hollywood. Había escrito las secuelas de “Star Wars”, y el guion de “En busca del arca perdida” de Steven Spielberg (1981), la primera aventura de Indiana Jones. Casi nada. Tras sus éxitos, se dedicó a dar el paso hacia la dirección, alentado por su padrinos, Lucas y Spielberg.

Lawrence Kasdan (izquierda) junto a George Lucas en el
rodaje de "El Imperio contraataca" (1980). ABC.

El resultado de esta primera película, escrita y dirigida por Kasdan, es un homenaje al cine detectivesco de los años 40. Un cine de diálogos juguetones, donde cada palabra era un pulso hacia el personaje que tenía que realizar la réplica. La fascinación del diálogo inteligente, para nada vacío de intencionalidad, es envuelto por una atmósfera agobiante, marcada en cada secuencia por el clima del instante en el desarrollo de la trama; y por la tensión sexual entre los protagonistas. Una tensión sexual que es desarticulada cuando los dos se entregan mutuamente, y comienza el camino hacia el crimen.

Fotograma de la película

A parte de esa capacidad guionística, el lenguaje visual de Kasdan es cuidado y cargado de intencionalidad. Existen momentos que nos delatan estar ante una buena película, por ejemplo, cuando los dos desean afrontar un terrible desenlace, y la cámara se eleva, dejando a la pareja en la soledad, solos con sus malévolas intenciones. Esa forma de articular el lenguaje visual, heredado de los maestros del género, enaltece a Lawrence Kasdan en su ópera prima.

Fotograma de la película

La diferencia entre “Fuego en el cuerpo” y todas las demás imitaciones de la época y en la actualidad, es que el tema del sexo, no es el eje sobre el que se articula la trama de la película. Kasdan lo utiliza como puerta de entrada, como palanca, hacia la verdadera historia que se nos va revelando entorno al personaje de Matty, interpretado por Kathleen Turner.

Fotograma de la película

Kathleen Turner interpreta magistralmente a Matty, un personaje con el perfil de las mujeres fatales de ese cine negro de los 40. A medida que va avanzando la película, la posible morbosidad del espectador ante la expectación de las posibles secuencias de sexo, se va diluyendo en pos de descubrir las verdaderas intenciones de Matty hacia Ned (William Hurt).

Fotograma de la película

La película tiene muy buen ritmo, demostrando su guionista y director la valía de un guion bien escrito, siendo los artificios cinematográficos los mínimos, en comparación a los que se nos ofrece hoy en día.

Fotograma de la película

Fotograma de la película

El director de fotografía, Richard H. Kline, hace un gran trabajo con la luz, Su fotografía transmite la angustia atmosférica del calor; los interiores nocturnos son suaves, logrando composiciones brillantes. Destacan momentos como el de Matty, iluminada en el jardín, en plena noche, desapareciendo como un espectro entre las sombras, instantes antes de una enorme explosión. Es una especie de guiño, de cómo terminará la trama, utilizando un artificio teatral, más que cinematográfico. Y a favor, de este tipo de película, recordar los elegantes planos de alcoba conseguidos entre Kline y Kasdan, no cayendo en la soez.

Fotograma de la película

John Barry, compositor habitual de la saga 007 al igual que otros clásicos, es elegido por Kasdan para componer la música. Barry lee perfectamente las intenciones del director, componiendo para el instrumento más reconocible de este género, el saxo. De esta forma, tan solo queda que el espectador anule el color, y la vea en blanco y negro.

Una edición de la banda sonora de la película

La compañía productora “The Ladd company” fundada por ejecutivos de la 20th Century Fox, con Alan Ladd Jr a la cabeza, demostraron con su cuarta película producida, su gran olfato cinematográfico. Así lo seguirían demostrando en un futuro próximo con títulos como “Blade Runner” de Ridley Scott (1982). Y es que a Alan Ladd Jr, siempre le acompañó la Fuerza.

**Alan Ladd Jr fue el apoyo de George Lucas en 20th Century Fox, frente a un proyecto que nadie aprobaba, “Star Wars”.

Cartel de la película


Ambigú Cinema - “Fuego en el cuerpo” de Lawrence Kasdan, 1981.




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