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sábado, 6 de noviembre de 2021

"El malvado Zaroff" de Irving Pichel y Ernest B. Shedsack, 1932.

 

De pequeño, disfrutaba con las películas de aventuras en lugares inhóspitos. En grandes cordilleras, profundas selvas, islas perdidas,... Recuerdo como los sábados por la tarde, se volvían mágicos cuando TVE emitía aquellas películas de Tarzán, en blanco y negro, protagonizadas por Johnny Weismüller. Hoy voy a recordar una película de aventuras con tintes oscuros, un tanto olvidada, pero que conformaría un eslabón muy importante en el desarrollo de ciertos argumentos en la historia del cine. Un naufragio, una isla perdida, un castillo, un gran malvado psicópata y sus forzudos ayudantes, la dama en apuros, los peligros de la selva,... Un gran clásico que ayudó a cimentar un cine en ciernes. Nos acercamos a una gran puerta de madera, su aldaba moldeada con la forma del centauro salvaje llamado Neso, sosteniendo en sus brazos a la bella Deyanira,  brilla bajo la luz tililante de dos hachones. Nuestra mano se levanta y golpea con fuerza la aldaba sobre la puerta. Un profundo crujir de madera precede al abrir pausado de la puerta, ante nuestra inquieta mirada..."El malvado Zaroff" de Irving Pichel y Ernest B. Shedsack, 1932.


Hoy andamos saturados de películas en las que a la más mínima posibilidad, intentan meter algún plano o secuencia con retoques o adiciones digitales. Recurrir a clásicos como el que nos ocupa, es darnos cuenta del enorme talento artístico de los creadores cinematográficos de entonces. Sus imaginación y dones artísticos nos han dejado momentos fotográficamente encantadores: el aterrizaje del platillo volante en Altair IV, en "El Planeta prohibido" de Fred M. Wilcox (1956), la lucha entre King Kong y un dinosaurio en "King Kong" de Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack (1933),... Muchas veces nos es difícil discernir sus trucos y puesta en escena en alguna de esas míticas secuencias. Y si a ello le agregas un peso argumental, donde la acción como los personajes están sólidamente anclados y justificados, estaremos viendo gran cine.

Fotograma de "El Planeta prohibido" (1956)

Fotograma "King Kong" (1933)

"El malvado Zaroff" está basada en la obra literaria "El juego más peligroso" (1924) del literato, periodista y guionista, Richard Connell. El guionista James Ashmore Creelman captó la esencia cinética de la obra de Connell, sabiendo presentar a los personajes, poniéndonos en situación en cada momento, haciéndonos estremecer en instantes,... y todo ello en una hora y pico. Incluso ese "pico" del que hablamos, unos quince minutos aproximadamente, fueron recortados, quedándose la obra en una hora. El ritmo del guion es impresionante. De Ashmore volveremos hablar en alguna que otra ocasión. Fue muy grande su aportación en la industria a través de la RKO., firmando guiones como "King Kong" de Merian C. Cooper y Ernest B. Shoedsack (1933), "Los últimos días de Pompeya" de Ernest B. Shoedsack y Merian C. Cooper (1935),... Cualquier futuro guionista, debería estudiar la capacidad de síntesis, ritmo, descripción visual,... de estos maestros. Las comparaciones con productos de hoy en día son penosas. Tengamos un capítulo de una serie actual cualquiera (50 minutos aproximadamente) y comparen su desarrollo, poder visual, su tempo en escena con obras como "El malvado Zaroff". A Ashmore tan solo le hace falta una conversación en el inmenso salón del conde Zaroff entre los personajes, para marcar los perfiles de cada uno de ellos y a su vez crear interés, tensión y suspense. Claro está que a ello, hay que sumarle el talento interpretativo.

Una edición de "El juego más peligroso"
de Richard Connell (1924)

Richard Connell. Editions Dusonne.

Fotograma de la película

En la interpretación, vamos a observar poses y gestos heredados del cine mudo, e incluso el magnífico duelo de miradas entre Zaroff (Leslie Banks) y Bob (Joel McCrea). Leslie Banks de dilatada carrera teatral, nos va a interpretar como nadie a uno de los primeros grandes villanos de la pantalla, a uno de los primeros psicópatas hollywoodienses. Incluso me atrevería a decir que sembraría la semilla para perfiles como los de los villanos de James Bond (007): multimillonario, sin humanidad, loco, con algún defecto físico,... en este caso una terrible cicatriz de caza, que recorre su frente en el lado izquierdo. La mirada de Zaroff y actitud han quedado en el museo de historia de los horrores cinematográficos. Un gran talento.

Fotograma de la película

Fotograma de la película

Y destacar la aparición de Fay Wray, interpretando a Eve. Esta canadiense será reconocida en la eternidad de este maravilloso arte, gracias a la interpretación que realizará un año más tarde como Ann Darrow en "King Kong", coronándose como la reina del grito.

Fotograma de la película

Fotograma de la película

Los directores Irving y Ernest hacen una realización impecable, secuencias cargadas de tensión y muy ágiles. La mezcla de diferentes planos de reacción y situación en la secuencia del salón de Zaroff, cuando se encuentran por primera vez los personajes es de una gran maestría. Abren el encuadre en las secuencias de exterior, haciéndonos llegar la inmensidad, frondosidad y peligros de la isla. A ello, hay que sumar esa gran labor del equipo artístico (decoración, miniaturas, efectos,...)teniendo en cuenta que la mayoría de las secuencias de la isla están filmadas en estudio. Si el espectador está muy atento, verá replicarse algunos escenarios de la isla en la siguiente producción de "King Kong".

Fotograma de la película

Fotograma de la película

El lenguaje visual de Ernest e Irving llega hacer innovador en las secuencias de persecución entre el conde y la pareja (Bob y Eve). Podemos observar travellings laterales en seguimiento de carrera, cerrados en plano medio; planos subjetivos de Zaroff tras ellos y de la pareja abriéndose paso entre la espesura de la selva. Pero si debo destacar algún plano, es el del final de la vida de Zaroff en el marco de su ventanal. Al fondo el mar, con la embarcación de Bob y Eve alejándose de las intenciones del malvado conde, y en primer plano él, en la cornisa, malherido, cayendo al vacío sobre la jauría de sus perros depredadores de caza. Hay que volver a insistir que nos hallamos en 1932, los comienzos para entender sus genialidades.

Fotograma de la película

Fotograma de la película

Fotograma de la película

Fotograma de la película

Los efectos ópticos, especiales, las miniaturas,... dan una atmósfera muy especial a esta película. Junto a la música del maestro Max Steiner, dando sus primeros pasos en una carrera llena de éxitos y reconocimiento, convierten la película "El malvado Zaroff", en un clásico perdurable. en una aventura por descubrir. La ley Hays o más bien, el código Hays (William H. Hays) hizo mantener prisionera a esta obra bajo la censura. Hoy, diversas generaciones pueden encontrar o volver a ver, uno de los grandes clásicos de aventura de la historia del cine. Un cine en mayúscula.

Cartel de la película



Ambigú Cinema - "El malvado Zaroff" de Irving Pichel y Ernest B. Shedsack, 1932.




sábado, 1 de mayo de 2021

"El Hombre Lobo" de George Waggner, 1941.

Los denominados monstruos de la Universal, fueron un caldo de cultivo para mi imaginación infantil. Recuerdo que tras haber descubierto en un programa de la Clave (1976/ 1993, TVE) la película “Drácula" de Tod Browning (1931), pronto se cruzaron en mi camino distintos personajes extraños y terroríficos de aquella época gloriosa de los estudios Universal. “Drácula" me fascinó, “Frankenstein" me conmovió, pero quien de todos ellos me inquietó bastante fue la naturaleza de “El Hombre Lobo" de George Waggner, 1941.


Hace unos años conseguí la colección completa de todas las películas de la Universal de aquellos años, cuyas tramas giraban entorno a estas criaturas de la noche. Está claro que Carl Laemmle tuvo la visión de abordar y comercializar estas películas, que marcaron una época del terror fílmico, crearon escuela e inspiración en futuros artistas. Aquel tesoro que tenía entre manos, lo volví a degustar con cierto deleite, pero cada vez que he vuelto a visionar “El Hombre Lobo" de Waggner, es otra cosa. No es ese hipnótico Lugosi en “Drácula” o el incomprendido Karloff en “Frankenstein", es la naturaleza ancestral, la del animal, la bestia, la de los instintos primigenios, aflorando en la maldición del lobo.

Carteles de las películas

De alguna forma la película recoge de forma inconsciente esa zona perdida en nuestra conciencia antropológica, donde el animal innato en el hombre, enterrado en siglos de supuesta socialización, vive adormecido. Culturas, religiones ancestrales, nos hablan de esa conexión con la naturaleza, hoy perdida. Pero la cultura popular, en este caso, nos hace una pequeña grieta en ese cofre de aislamiento de siglos.

Grabado en madera de Lucas Cranach el Viejo, 1512.

La película hay que entenderla en la distancia. Es la más violenta de aquellas obras. El impacto en el público de entonces fue brutal. Hoy su violencia es ridícula a la que vivimos en las noticias, el en torno, o en las propias películas. Pero a pesar de ello, conecta de alguna forma con el espectador. Hay algo enterrado que conecta y llama nuestra atención.

Fotograma de la película

“El Hombre Lobo" en principio tuvo muchísimas modificaciones desde su guion  original, inspirado en el escrito por Robert Florey (1900 - 1979). El libreto último fue firmado por Curt Siodmak y dirigido por Waggner. Siendo el resultado, una especie de cuento, donde se nos unen diferentes estilos estéticos. Waggner centra sobre todo su objetivo en las secuencias de violencia, que corresponden al ataque de la bestia. El resto de la realización es ortodoxa y apoyándose muchísimo en el oficio actoral. Resultando una película muy de cómic de aquellos años 40. La época dorada del cómic. Y tengo esa sensación en momentos, cuando por ejemplo Talbot (Lon Chaney Jr.) está montando el gran telescopio que monta en la casa de su padre, mitad casa de campo y castillo. Las dimensiones, incluso las escénicas me retraen a ese tipo de viñetas descubiertas en cómics de aquellos años que mi padre conservó, y que yo devoraba en mi juventud ochentera.

El director de la película George Waggner. Mubi.

El guionista Curt Siodmak. IMDb.


Fotograma de la película. Lon Chaney junto a Claude Rains.

Lon Chaney Jr. fue seleccionado para el papel de Larry Talbot. Hijo del gran Lon Chaney (1883 – 1930, el hombre de las mil caras) recogió el testigo de su padre en películas de este tipo, convirtiéndose en uno de los tres hombre que pasarían a la historia por dar vida a los seres terroríficos clásicos de la Universal, junto a Lugosi y Karloff. Trabajó junto a ellos, coincidiendo en alguna película. En esta que nos ocupa tiene como compañero de reparto a Bela Lugosi, interpretando a un misterioso gitano (Bela). Pero sobre el elenco de la película, destaca María Ouspenkaya (Maleva). Sinceramente, allí donde aparece abarca todas las miradas. Una de las grandes. Actriz rusa, que tras emigrar a U.S.A., enseñó el famoso método Stanislavski, quien fue su mentor en Rusia. Y junto a Lon Chaney Jr. interpretando a su padre, Claude Rains. Su cara apareció brevemente al final de “El Hombre Invisible" (James Whale,1934). Él interpretaba al científico Griffin como el peligroso hombre invisible. Y tras “El Hombre Lobo", y algún estreno más, incluyendo la mítica “Casablanca" (Michael Curtiz, 1942), lo podremos descubrir dando vida a otra leyenda del panorama terrorífico, en este caso encarnando al personaje literario de Gaston Leroux, y llevado a la pantalla por Arthur Lubin, “El fantasma de la ópera" (1943). Claude Rains son de esos actores maravillosos que a lo largo de los años 40, 50 y parte de los 60, aparecen en películas titánicas.

Fotograma de la película

Y si hay que destacar artísticamente a alguien (sin desmerecer a los nombrados), el elogio se lo lleva Jack Pierce. El maquillador de la Universal logró crear iconos del cine de terror, entre ellos al Hombre Lobo, perdurando en nuestra conciencia colectiva. Un maquillaje totalmente artesanal con productos adaptados y una gran imaginación, a la vez que oficio. Si sorprendió con el maquillaje de Karloff en “Frankenstein", este del Hombre Lobo era y es sorprendente. Todavía quedaba por avanzar en técnicas, productos, hasta llegar a Rick Baker en “El hombre lobo americano en Londres" de John Landis, 1981. Dejándonos aterrorizados y boquiabiertos con su transformación licántropa en aquella sala de estar. Supongo y salvando las distancias, las mismas sensaciones que aquel público de los años 40, cuando admiraron la transformación de Talbot en Hombre Lobo. En este caso realizado con encadenamiento de imágenes tomadas en la misma posición, variando solo la cantidad de maquillaje sobre el sujeto, dándonos la sensación de una progresiva transformación.

Jack Pierce maquillando a Lon Chaney Jr. - Alchetron.

Toda esa atmósfera de misterio y drama era envuelta por una banda sonora de altura. Normalmente, cualquier película de terror suele recurrir a temas con sonidos y sensaciones sonoras muy recurridas en el tiempo. Y sobre todo, recurren demasiado a sonidos electrónicos. Aquellas bandas sonoras de entonces eran interpretadas por orquesta y su composición, en esta película, fue llevada a cabo por Charles Previn, uno de los grandes compositores de la historia. El tema del Hombre Lobo gira entorno a las notas maestras de la composición de Previn (Do’, Si, #Fa) interpretadas por instrumentos de viento, a modo de aullido que se entremezclan con frases musicales interpretadas por la familia de cuerda, de una forma magistral. Nos puede retraer un poco a la composición "Pedro y el lobo" de Prokófiev (1936), en el hecho de elegir el instrumento de viento para describir la presencia del lobo. Aconsejo su escucha, tanto una como otra. Por desgracia este tipo de bandas sonoras son muy poco escuchadas y en ellas se esconde una gran belleza compositiva. Sobre todo por su cuidado y gran trabajo artístico.

El compositor Charles Previn. Mubi.

CD recopilación de bandas sonoras,
entre ellas algunas de Charles Previn. The Soundtrack Factor.

“El Hombre Lobo" de Waggner marcó un hito en este tipo de películas. Llenó los cines de entonces y quizás empezó, a mi parecer una especie de género que denomino “Wolf films". Películas que nacieron a la sombra de este gran éxito comercial, donde el Hombre Lobo parecía tener más vidas que las de un gato. Lon Chaney Jr. lo llegaría a interpretar en diversas ocasiones, volviendo de la tumba cada vez de forma más milagrosa. Las temáticas serían muy diversas. Nació una nueva estrella del terror, las noches de Luna llena no volverían a ser lo mismo. O al menos tan apacibles.

Cartel promocional de la película




Ambigú Cinema - "El Hombre Lobo" de George Waggner, 1941.




viernes, 26 de febrero de 2021

"El retrato de Dorian Grey" de Albert Lewin, 1945.

De pequeño, era una gozada las películas en blanco y negro. Tuve la suerte de pertenecer a esa generación de los 70, que disfrutamos de ese maravilloso cine comercial de los 80, y a su vez, de una televisión donde entre otras propuestas cinéfilas, descubrías y disfrutabas de clásicos en blanco y negro. A algunos de aquellos programas como: “La Clave", “Cineclub en la 2”,… le debemos bastante. Nos descubrieron no otro cine, sino el cine. Por aquellos años, a mi particular colección de terror cinéfilo, añadieron una más. Quizás de las más inquietantes. No era un vampiro, ni un licántropo,… era un hombre, cuyo único sentimiento de vida se hallaba atrapado en su propio reflejo, convertido en pintura sobre lienzo. Han existido varias adaptaciones, pero ninguna con la fuerza visual de “El retrato de Dorian Grey" de Albert Lewin, 1945.



Cada vez que reviso esta obra maestra, me viene a la cabeza los geniales capítulos de “Historias para no dormir" (1966 – 1988, TVE) del maestro Narciso Ibáñez Serrador (Chicho). Por el hecho, de que este tipo de historias poseen un gran peso argumental basado en el desarrollo de los personajes. No se trata de tres frases y salgo por la puerta. Son textos y situaciones, muy alejados del cine que hoy en día (salvo excepciones). Con una gran fuerza interpretativa. Más, si la obra cinematográfica está basada en una novela de Óscar Wilde.

Óscar Wilde publicó la novela “El retrato de Dorian Grey” en 1890. Una obra que te hace reflexionar y debatir sobre la importancia del arte en la vida, donde el terror gótico se cierne sobre el lector, cuando nos adentramos en el laberinto decadente del narcisismo. Abriéndonos las puertas ante la crítica a la sociedad victoriana, donde la vanidad y el engreimiento, se aferran al tema de la eterna juventud, edulcorada con la falsa moralidad. Una obra, como se puede apreciar, atemporal.

Portada de la primera edición

Centrándonos en la versión cinematográfica, es quizás la mejor realizada hasta la fecha. Su director, Albert Lewin supo darle el valor al texto de Wilde, apoyándose en las interpretaciones de un magnífico reparto, del cual destaca no solo el protagonista Dorian Grey (Hurt Hatfield), sino en especial, Georges Sanders, interpretando a Lord Henry Wotton, un cínico que no vendería su alma al diablo, si por ejemplo, como dice en la película, tuviese que acostarse temprano,… entre otros privilegios que le hace disfrutar su acomodada vida.

Fotograma de la película 

Hurt Hatfield, como Grey, da una inquietante y pavorosa frialdad, que expresa en cada una de esas miradas fijas, que la lente de Lewin nos retrata para la eternidad. Una mirada siempre perdida en su “Yo”.

Fotograma de la película 

Ángela Lansbury interpreta a la desdichada Sibyl, cuyo idilio con Dorian le conducirá a un final trágico. Su naturalidad, su ritmo interpretativo es admirable. Encuentra su cénit en la secuencia que tiene lugar en casa de Dorian. Cuando este, aconsejado malévolamente por Wotton, le propone quedarse esa noche en casa. Mientras Dorian se encuentra en el salón al piano, ella se dirige lentamente hacia la puerta de salida, hasta que su amor verdadero e inocente, no es interpretado adecuadamente por Dorian, tras observar la sombra de ella asomar en el salón, bajo los dramáticos compases del compositor Herbert Stothar. Lansbury sigue hoy en día, sorprendiéndonos en los escenarios.  Dedicada tanto al cine, al teatro, como a la televisión, recuerdo su intervención en “El candidato Manchú" (Frankenheimer, 1962); la mujer de Poncio Pilatos, Claudia Procula, en “La historia más grande jamás contada” (Georges Stevens, 1965),… y en especial en la serie de los 80, “Se ha escrito un crimen" (1984 – 1994).

Fotograma de la película 

La atmósfera victoriana de la película es una de mis preferidas. Con geniales cambios de escenario, conllevando a su vez las variantes de atmósfera determinada. La mayoría de las secuencias son filmadas en interiores, destacando la suntuosidad de la casas de alta sociedad, en especial la de Dorian Grey. Escenarios altos y muy adornados. Cuando nos trasladamos a los bajos fondos, a las tabernas,… la atmósfera se torna sombría, los escenarios son de poca altura, vacíos, sucios,… donde podemos presenciar más directamente la fotografía heredada del expresionismo alemán. La decadencia toma forma entre las sombras de la noche y los personajes que pululan las sombrías, húmedas y fantasmales calles de Londres. La fotografía de Harry Stradling es magnífica. Ganó un Óscar por este trabajo. Su fotografía es deudora de sus primeros años en Alemania. A parte de los distintos momentos de la película, el asesinato del pintor Basil a manos de Dorian, tiene un juego muy especial de luces. Cuando la lámpara que pende del techo es golpeada y se mueve brutalmente iluminando la cruel escena, me recuerda un poco a la secuencia del descubrimiento de la madre de Norman Bates por Lila en “Psicosis” de Alfred Hitchcok (1960), con un juego de luces muy parecido. Sin quitarle valor, al maestro Hitchcock. Por cierto, ambos trabajaron juntos a primeros de los años 40, destacando en “Sospecha" de 1941. Por último, apuntar la maravillosas profundidades de campo en casi todas las secuencias, y la iluminación aislada en determinados objetos o zonas del escenario, donde transcurren algunas secuencias.

Fotograma de la película 

Fotograma de la película 

Harry Stradling. ImDb.

Albert Lewin realizó muy pocas películas. En cada una de ellas dejó patente su estilo. Sus películas fueron escritas y visionadas por él mismo, teniendo el control absoluto del producto. “El retrato de Dorian Grey” de 1945, es una de las mejores adaptaciones de la novela de Wilde. Cinematográficamente podría haber recurrido a artificios visuales para incluso introducirnos en la extrañeza de ciertos acontecimientos, pero no lo hizo así. Tan solo recurrió a un ardid artístico, enseñar el retrato de Gray en color, cuando era admirado por su protagonista. Y situar, en encuadre determinado, en algunas ocasiones, la misteriosa figura egipcia con forma de gato.

Fotograma de la película 

Albert Lewin. ImDb.

“El retrato de Dorian Grey” es una de mis películas top para causarme inquietud. La mirada fría de un hombre, que perdida continuamente en su propia idoneidad, destroza sin piedad el mundo que lo circunda. Ausencia de humanidad. No hay secuencia, ni diálogo sobrante, un ejemplo de adaptación y de cómo hacer cine, logrando esa peligrosa balanza entre el entretenimiento y el arte.

Cartel de la película


Tráiler de la película: https://youtu.be/jp7xAM-ZCCg


Ambigú Cinema -  "El retrato de Dorian Grey" de Albert Lewin, 1945.






viernes, 5 de febrero de 2021

"Conspiración de silencio" de John Sturges, 1955.

Se encuentra en mi top de 20 películas, aunque la verdad suelo huir de este tipo de top. Y es que considero, que aparte de la validez artística de una obra cinematográfica, tiene que ver mucho el momento en el que uno se dispone a visionarla. Igual te apetece una de Indiana Jones, como en otro momento, ver algo de Cecil BDemille. Para gustos los colores y los distintos momentos de la vida de uno. No obstante siempre va a existir una personal inclinación. Y esta película es una de mis preferidas. El director de “Fort Bravo" (1953), “Duelo de titanes" (1957), “La gran evasión" (1963), “Estación Polar Zebra" (1968),… reuniría un reparto de infarto para ofrecernos una obra mítica, debido a las interpretaciones y al contenido de la obra, sin artificios y directa a la conciencia. Me refiero a la película “Conspiración de silencio" de John Sturges, 1955.


Recuerdo de pequeño, acudir algún que otro domingo a mi futuro colegio de estudios de bachillerato y universitarios, a ver unas obras teatrales que preparaban con esmerada dedicación un grupo de padres, unidos bajo las órdenes de Sor María José. Recordaré siempre con cariño aquellas obras e interpretaciones. Sin ser profesionales, les aseguro el alto nivel interpretativo y de escena que había en las representaciones. Esa admiración y sentimiento de disfrute en mi infancia se vio despertado por el teatro y películas como “La soga" (Alfred Hitchcok, 1948), “La huella" (Joseph L. Mankiewicz, 1972),… y “Conspiración de silencio". Películas cuya columna vertebral era el desarrollo interpretativo de sus personajes. Recuerdo haber descubierto esta película en la televisión, y desde entonces, es raro el año que no la haya vuelto a ver, sobre todo cuando la tienes en un lugar destacado de tu videoteca.

Carteles de dos películas

La película de Sturges es un duelo de titanes de la interpretación, en verdadero estado de gracia. Cada momento del film es una secuencia de lucimiento para el intérprete que esté en pantalla. La trama comienza con la llegada de un forastero a un pueblito. Nadie conoce al forastero y sus preguntas comienzan a inquietar a la pequeña población. Se puede decir que la película es un verdadero estudio social, entorno a una serie de sucesos acaecidos en la persona de un tal Komako. Aquel forastero misterioso pondrá de los nervios a varios lugareños y descubrirá algo un tanto molesto, para los habitantes del inhóspito y desértico pueblo de Black Rock.

Fotograma de la película 

John Sturges sabedor de tener entre sus manos una futura obra excelente, por la temática moral de trasfondo y por basarse en sucesos relativamente cercanos en el tiempo, como fueron los desencadenantes para la incursión de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial (tras el ataque a Pearl Harbor), sabía de las miras que debía de tener en el reparto. Metro Goldwyn Mayer ponía en marcha una producción con estrellas y un relato de gran calado social. Esto es algo que trajo la nueva política de producción de Dore Schary (jefe de producción y después cabeza visible de Metro Goldwyn Mayer), películas con mensaje.

John Sturges (britannica.com) y Dore Schary (imdb.com)

Spencer Tracy, Lee Marvin, Robert Ryan, Walter Brennan,… dejaron impresas sus excelentes interpretaciones. La película comienza con la llegada de John J. Macreedy (Spencer Tracy) a la estación de tren de un pueblito casi perdido en el oeste del país. A partir de su llegada, John va encontrándose cara a cara con determinados vecinos, orquestados por el cabecilla de todos ellos, Reno (Robert Ryan). Todo el reparto tiene su momento, su secuencia. Spencer Tracy hace gala de su tercer apellido, “naturalidad”. La historia nos puede dar la sensación de ser una especie de western encubierto. En este caso, un thriller donde la violencia no se encuentra en las armas, sino en los diálogos.

Fotograma de la película 

Fotograma de la película 

La ubicación de la trama sirve para resaltar ciertos momentos e incluso transmitir cierta ansiedad. Sturges, se mueve como pez en el agua en ubicaciones del oeste, pero llega a un “master” al conseguir un thriller agobiante, con planos abiertos y utilizando el Cinemascope. El juego fotográfico de las ubicaciones en el desarrollo de las secuencias, tiene lecturas artísticas y psicológicas en el tratamiento de la imagen, como: la estación de tren, la encrucijada de caminos, la gasolinera, el hotel,... El guion perfectamente ajustado es una maravilla de Millar Kaufman. Su pasado en el servicio militar del Pacífico, le sirvió para trabajos como “Hombres de infantería" (Richard Brooks, 1953) y el de la película que comentamos. No es fácil tratar temas relacionados con el racismo, e ir metiendo al espectador en una reflexión y exposición de los hechos, sobre todo en 1955 y en una sociedad tan dividida por entonces, como la de los Estados Unidos. Todo ello, sin caer a priori en una moralina infantil, sin entrar en profundidad en claras exposiciones del tema. El equipo artístico (guionista, director e intérpretes) consiguen a mi juicio, una de las mejores obras fílmicas, carne de cañón para interesantes debates sobre los comportamientos xenófobos. Y no solamente ello, sino reflejar con gran veracidad, los distintos perfiles de comportamiento, que a pesar del tiempo transcurrido y supuestos avances sociales, seguimos encontrando en nuestro presente. Eso solo lo consiguen las obras maestras.

Millard Kaufman (groveatlantic.com)

André Previn (“Gigi” de Vicente Minelli, 1958; “My Fair Lady" de George Cukor, 1964;…) compuso la banda sonora. Podría haberse inclinado por sonidos más del estilo del western, debido a la ubicación de la historia, y más o menos el enfoque del director, pero supo introducir momentos donde la música clásica se fusiona con un sonido muy cercano al Jazz, de quien también era compositor.

André Previn (abc.es)

“Conspiración de silencio", rompió moldes. Duración de 78 minutos, un elenco de estrellas, una historia con mensaje, Cinemascope y en un pueblito perdido de la mano de Dios. Una obra que recibió incluso un reconocimiento por parte del gobierno japonés.

Cartel de la película 


Tráiler de la película: https://youtu.be/IP57NcLzJQE


Ambigú Cinema - "Conspiración de silencio" de John Sturges, 1955.





"Indiana Jones, en busca del arca perdida" de Steven Spielberg, 1981.

  Pasadas las celebraciones sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús, la mayoría de los españoles hemos podido ver o casi ver, debid...