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jueves, 29 de junio de 2023

Superman (1978 - 1987)

 

He de reconocer que yo soy más de Batman que de Superman. Pero el primer personaje superheroíco del que tengo recuerdo es este kriptoniano. Es más, si hago memoria, puede que incluso el primer muñeco que cayese en mis manos con cierta lucidez fuese Superman. Corría finales de los años 70 cuando un jovenzuelo de pelo rizado iba en la parte trasera de un Citröen GS, jugando con un gran muñeco de Superman comprado por mi padre en Sevilla. Recuerdo comer “pescaito” frito en unos cartones que se vendían en el parque de María Luisa y acercarnos a una especie de tienda ambulante. Allí, mi padre nos compró a mi hermano y a mí un muñeco de Superman. La capa me fascinaba. Me gustaba poner el muñeco pegado al cristal de la ventanilla del coche e imaginar que iba surcando los aires. Sin saberlo, ya realizaba mi propia retroproyección cinematográfica.


Imagen publicitaria de "Superman: la película" (1978)

Hay tres películas de las que tengo recuerdos en mi infancia. La primera, una retransmisión del clásico de Bela Lugosi, “Drácula” (1931), en el programa de televisión de la Clave; la segunda película, “Star Wars” (1977) en el teatro Cine Torcal de la ciudad de Antequera, con sabor a mollete antequerano de mortadela y Fanta de naranja que me iban dando mientras veíamos la película; y la tercera, también en el mismo cine, “Superman” de Richard Donner (1979). Drácula era un personaje de terror en blanco y negro, algo distante, pero ciertamente tenebroso, incluso hoy en día; los personajes de “La guerra de las galaxias” eran como el cuento de hadas de mi época; pero “Superman” era otra cosa, un hombre podía volar, y el traje era súper maravilloso.


Fotograma de la película "Superman; la película"

Para los niños de aquella época, acostumbrados a las diabluras mágicas de Pippi Calzaslargas, y a los combates de robots de Mazinger Z, Superman en imagen real fue un gran impacto. Sus vuelos, su fuerza, su visión de rayos X, su velocidad… su capa. No sé porqué nos atraía tanto la capa. Recuerdo los veranos en la piscina “La Virlecha” de los Salesianos, como corríamos por el césped con nuestras toallas anudadas al cuello, con los brazos extendidos, simulando los fabulosos vuelos del kriptoniano por el espacio entre asteroides o rascacielos de Metrópolis. En realidad nuestras madres tendidas al sol, y todo aquel o aquello que podía servir de obstáculo a nuestros imaginarios vuelos.


                                        Imagen publicitaria de "Superman: la película" (1978)

Aquellos tiempos, en una ciudad media como la de Antequera, no había una oferta editorial de cómics como la que puede haber hoy en día. Salvo alguna excepción en un kiosko que había justo en frente del Cine Torcal, donde podíamos comprar unos sobres sorpresas con un cómic junto a unas chocolatinas. En mi caso, esperaba a las vacaciones de verano para salir de la ciudad y disfrutar de cómics que hacían mis delicias en las veraniegas siestas o noches en el hotel: Batman, Aquaman, Spiderman y por supuesto Superman.


Cómics de los años 70/ 80

Recuerdo como en un programa de Informe Semanal salieron imágenes de la película “Superman” de Richard Donner. En concreto la secuencia en la que Clark Kent recibe un mensaje de Luthor en una frencuencia auditiva que sólo pueden oír los perros y alguien con súper oído como Superman. Clark Kent puesto en guardia por el amenazante mensaje, se arroja desde una ventana de la redacción del Dayle Planet. A medida que cae su traje de chaqueta se convierte en el uniforme de Superman. Una de las secuencias más emblemáticas de esta primera entrega del súper héroe.


Fotogramas de la transformación de Clark Kent a Superman.
"Superman: la película" (1978)

La película de “Superman” supuso en tremendo avance fotográfico en la capacidad de concebir los efectos visuales, sobre todo los del vuelo del personaje. Tengan en cuenta que por aquel entonces no existía el CGI tal y como lo conocemos hoy en día. Desde “2001: una odisea en el espacio” de Kubrick (1968) o “Alma de metal” de Michael Crichton (1973), había vagos intentos con resultados óptimos. Pero “Superman” buscaba verisimilitud y nada que fuese irreal o se notase el truco en pantalla. De ahí el gran valor de la primera y segunda entrega de estas primeras películas.


Fotograma de "Superman: la película" (1978)

A partir de la segunda parte la calidad visual de las películas mermó hasta una fatídica cuarta parte, allá por el año 1987. Algo que debería haber sido todo lo contrario. Las perfectas transparencias para recrear el vuelo del personaje en la primera y segunda parte, creo que nunca han sido igualadas. Todas ellas mezcladas con otros tipos de efectos lumínicos y de escena, llegando a construir una de las escenas más bellas de vuelo, como la de Lois Lane y Superman en la primera entrega. Maravillosa y mágica.


Fotograma de "Superman: la película" (1978)

Fotograma de "Superman: la película" (1978)

Fotograma de "Superman: la película" (1978)

Otro factor importante fue el reparto artístico. Christopher Reeve nació para ser Superman. Ningún actor hasta la fecha, incluyendo a Henry Cavill, ha dado tanto al personaje. Su forma de interpretar los roles de Clark Kent y Superman, van más allá de la propia expresión corporal que les da a cada uno. Existe un momento en “Superman II”, cuando Lois descubre en la habitación del hotel que Clark es Superman, donde Reeve nos hace ver esa capacidad interpretativa única para el personaje. De espaldas a Lois y al público pasa de ser Kent a ser Superman, tan solo con su expresión corporal de espalda. Un gran actor.


Fotograma de "Superman II" (1980)

La primera película marcó una tendencia, un estilo muy difícil de continuar. De hecho, en la segunda parte, se hubiese visto roto por completo el estilo visual y de veracidad, si no llegan a tener de Donner bastante material filmado, ya que fue despedido por falta de acuerdo con los productores Salking para continuar la segunda parte.


Worldphotographs Superman The Movie (1978).
Pierre Spengler, Alexander Salkind, Ilya Salkind (Productores)

Podríamos decir que la primera película es épica y la segunda intenta llevar a la pantalla la gran fantasía de Superman, el desarrollo de sus poderes, la acción… Estas dos películas, tienen una factura tan impresionante de producción y buen hacer fotográfico, y de otros departamentos de producción, que incluso hoy en día rivaliza con otras del mismo género que tienen avances técnicos a años luz de los 70, que fue donde fueron concebidas. Sin olvidarnos de la escritura de guion en manos de Mario Puzo.


Fotograma de "Superman II" (1980)

Fotograma de "Superman II" (1980)

“Superman” se convirtió en un evento cinematográfico sin igual, tan sólo igualado por aquel entonces por las distintas entregas de la saga “Star Wars” de Georges Lucas, o alguna película de Spielberg, como “ET” o la saga de Indiana Jones.


Estreno de "Superman: la película" en los cines Capitol. Madrid. ABC

Un estreno de Superman era todo un evento comercial y cinematográfico. En el año 1983 se estrena la tercera parte de la saga. Se aleja de la épica, incluso de esa acción tremenda y visual de la segunda parte, cuando se tiene que enfrentar a los tres malvados que escapan de la zona fantasma: general Zod, Ursa y Non.


Cartel "Superman III" (1983)

Esta tercera entrega se centra en la tecnología informática en ciernes y en boga por aquellos primeros años 80. Los ordenadores y los súper ordenadores. Es la época del estreno de la película “Juegos de guerra” de John Badham (1983), donde se abogaba por el peligro que puede entrañar dejarnos de las manos de computadoras. Un año más tarde llegaría James Cameron con su “Terminator” a rematar la faena. A veces pienso, como estamos de sanotes los que devorábamos el cine de los 80. ¿O no?


Fotograma “Juegos de guerra” de John Badham (1983)

Fotograma de “Terminator” de James Cameron (1984)

Volviendo a “Superman III”, de la película queda el recuerdo de Richard Pryor y algunas de sus delirantes secuencias, como por ejemplo la que tiene lugar en la sede del control informático junto al guarda. Ese gran gorro texano que luce en la secuencia será recordado, al igual que ese maletín repleto de bebidas alcohólicas con las que seduce al guarda, para acceder al control del sistema informático. A mí me encanta la que termina encerrado en el bar del magnate Ross Webster, interpretado por Robert Vaughn.


Fotograma de "Superman III" (1983)

Pero aunque se intente llamar la atención sobre el poder de la tecnología en manos de humanos de dudosas intenciones, la película toca el tema del desdoble de la personalidad de Superman. La idea del Superman bueno y el Superman malo quedó más fijado en el público que el enfrentamiento al súper ordenador del final de la película. Quizás debería haber discurrido la trama más por ese camino argumental. Era bastante más atrayente e inquietante para el espectador. Como ejemplo, la pelea en el desguace de coches entre los dos Supermanes.


Fotograma de "Superman III" (1983)

La tercera entrega no estuvo mal. Recuerdo disfrutarla con mucha alegría y cada uno de sus momentos mágicos como cuando Superman salva al niño de ser arroyado por la cosechadora; cuando ataca al petrolero y después al recobrar su cordura lo arregla en mitad del océano; la cómica secuencia del vendedor de pequeñas Torres de Pizza, o el apagado de la antorcha olímpica, instantes antes de que el atleta encienda el pebetero olímpico.


Fotograma de "Superman III" (1983)

Superman era una máquina de hacer dinero cinematográfico. La primera y segunda película en sí eran una, y eso se nota en el estilo visual, el ritmo… Pero a partir de la tercera, esa grandiosidad de producción comienza a adolecer hasta caer en picado en la cuarta entrega.


Cartel “Superman IV: En busca de la paz” (1987)

“Superman IV: En busca de la paz” no vamos a decir que es una sin razón. De hecho, si los efectos visuales y la visión del director hubiesen sido diferentes a lo mejor hubiésemos estado ante una entrega cinematográfica digna del súper héroe. No sería así. La producción estuvo en manos de la Cannon que tenía éxito en películas de acción del momento, pero este tipo de película le vino bastante grande. Se contó con el reparto que aparecía en las tres entregas anteriores, aparecía de nuevo el archienemigo de Superman, Lex Luthor (Gene Hackman). Pero no fue suficiente. La visión muy televisiva del director, los pobres efectos visuales de los que destacan la mala calidad de las exposiciones para los vuelos, así como algunas resoluciones sin darle esa grandiosidad visual de las anteriores, y la tijera en la edición, la convierten en la súper peli mala de la historia. Y eso que cuenta con un villano al que se le podría haber sacado un gran provecho, el hombre nuclear. A pesar de los pesares, sus apariciones eran notorias, tenían fuerza visual. La historia y el talento del momento no quiso hacer de esta película una digna aventura de Superman.


Fotograma “Superman IV: En busca de la paz”.
El actor Mark Pillow interpretando al Hombre Nuclear

Superman nos hizo soñar y disfrutar en la sala de cine. A pesar de decaer sus producciones en los años 80, era tal su fuerza como personaje de cómic, en la cultura pop, en la cultura popular, que hizo estuviésemos a su lado en cada vuelo. Las siguientes adaptaciones en 2006 y luego las sucesivas, teniendo como actor a Henry Cavill, son dignas. No están a la altura de la primera adaptación de 1979 de Richard Donner, y raro es que lo esté alguna. No se puede igualar aquella primera vez que el espectador mirando a la pantalla de cine pudo creer que un hombre podía volar.




Tráiler de "Superman: la película" : https://www.youtube.com/watch?v=pUwxH4SM9Rg
Tráiler de "Superman III": https://www.youtube.com/watch?v=-7qo4Iy0ULk
Tráiler de "Superman IV: En busca de la paz": https://www.youtube.com/watch?v=jwuB2ub5aek

Ambigú Cinema - Superman (1978 - 1987)







sábado, 8 de mayo de 2021

"La conversación" de Francis Ford Coppola, 1974.

Hay películas que desde la primera secuencia nos hablan de su declaración de intenciones y estilo. Estas películas son filmadas por directores con una gran visión y capacidad de imprimir en el desarrollo su estilo. Arriesgándose, importándole poco las nuevas tendencias, simplemente creando a voluntad, consiguiendo no ir contra corriente, sino ser ellos la corriente, de forma inconsciente. Uno de estos directores es Francis Ford Coppola. Lo descubrí a muy temprana edad. Fue con el "Padrino" (1971). Debido a mi infante edad, el "Padrino" fue para mí una especie de película de terror, inquietante,... y en un entorno familiar. Coppola y sus obras han sido inspiradoras y la verdad, es uno de mis directores favoritos, sobre todo por cómo afronta cada uno de sus trabajos y la cantidad de capas que suelen tener, a veces ignoradas por el gran público, incluso por sus más acérrimos seguidores. Y un claro ejemplo de ese tipo de película, lo encontramos en la que les propongo a continuación: "La conversación" de Francis Ford Coppola, 1974.


"La conversación" la comparo con esos momentos íntimos que solemos tener mientras tomamos un café o una infusión, o miramos a través de una ventana mientras llueve, dejando nuestros pensamientos en una percha. Hundidos en una especie de estado inerte de conciencia, el gotear de las finas gotas sobre el cristal o el escuchar una melodía sugerente de forma relajada, nos conecta con nuestro yo más interno. Es en esa zona apartada, donde Francis Ford Coppola intenta empatizar con el espectador, presentándonos la vida de Harry Caul (Gene Hackman). Un hombre que paradójicamente puede enterarse, escuchar,... cualquier tipo de intimidad, y las propias, ni siquiera compartirlas con Amy (Teri Garr), su joven amante.

Fotograma de la película

El dibujo del perfil de Harry es complicado y complejo, solo un actor de la talla de Hackman consigue interpretar este tipo de personajes. Los años 70 nos dibujaron un cine U.S.A. muy urbanita, donde se nos desnudaba una sociedad con múltiples problemas. En este caso, no es un ex combatiente, o alguien perteneciente a un determinado extracto social con problemas, es un hombre común. Su trabajo acentúa su propia enfermedad, la soledad. Hackman tenía en su haber un Oscar por "The French Connection" (William Friedkin, 1971), era un actor de moda y dio la casualidad de aceptar el papel, antes de que Coppola se convirtiese en el director, también de moda, tras el éxito de el "Padrino" (1972). Así que cuando se reunieron en 1973 para realizar la película, las expectativas eran tremendas. Entre los dos existió un gran entendimiento, y eso se ve en la pantalla. Uno de los grandes papeles de Hackman. El único "pero" se lo puso el destino. Debido al estreno de el "Padrino II", después de la realización de esta película, parece ser como si la historia hubiese borrado el recuerdo de la magnífica "La conversación".

Fotograma de la película

Fotograma de la película

Fotograma de la película

Francis Ford Coppola imprime a esta película momentos interesantísimos dibujados a través de las interpretaciones y de la técnica, a la hora de filmar algunas secuencias. Por ejemplo, es capaz de dejar filmando la cámara cuando el personaje sale de cuadro, y tras un instante, realiza de nuevo un barrido hacia donde se encuentra dicho personaje. No solo una vez, sino dos veces. Maneja el ritmo de la secuencia de forma magistral. Y algo muy de agradecer, sobre todo en estos tiempos: deja que el intérprete se haga el dueño de la secuencia. Me explico. Un actor o actriz debe de conseguir paralizar el tiempo fílmico con su interpretación, y el director tener esa intuición. De tal forma, que en la edición de la película, se respira la interpretación en el plano, sin tener que recurrir a múltiples cortes y artificios técnicos de edición, que a mi parecer rompen esa magia de transmisión de sentimientos o sensaciones, por parte del intérprete. Para ello, debe de haber una comunión tremenda entre director e intérprete.

Francis Ford Coppola. Sector cine.

Fotograma de la película

Coppola, deja sentir también su sensibilidad estética, en la banda sonora. Está compuesta por David Shire. El compositor que empezó componiendo para westerns de la Universal, recibió el encargo de Coppola de componer la banda sonora del drama. En un documental, Shire, habla de lo bien que se tomó la noticia, creyendo que iba a contar con una gran orquesta para llevarla a cabo. Sus ilusiones se desmoronaron, cuando el director le sugirió querer una banda sonora interpretada solo con piano. Esto respondía a las intenciones de la película, sobre ese perfil de soledad del protagonista. David Shire, asegura que a pesar de estar compuesta solo para piano, ha sido la banda sonora más difícil de su carrera. A modo de curiosidad, la composición de David tendrá momentos de suma tensión hacia el final del metraje. En ocasiones puntuales (la secuencia del baño en la habitación de los amantes en el hotel), el sonido del piano se transforma en electrónico, creando máxima inquietud en el espectador.

El compositor David Shire. AsturScore.

Edición en CD de la banda sonora

En esta película descubrimos caras como las de John Cazale (haciendo un alto en el camino como un Corleone), Teri Garr (su próxima aparición sería en "El jovencito Frankenstein" de Mel Broocks, 1974), Robert Duwall (un grande, haciendo un receso en el camino como hijo adoptivo de Don Vito Corleone), y Harrison Ford (pasaba por allí, haciendo unos arreglillos en la oficina de Coppola y... Lo mismo le ocurriría más tarde con un tal Georges Lucas, para "Star Wars" - 1977. Nunca fue tan rentable el oficio de carpintero).

John Cazale, Robert Duwall, Teri Garr y Harrison Ford

"La conversación" es una gran película. Disfrute hasta la última secuencia, donde Harry Caul, abatido y cazado, se encuentra sentado en un rincón de su auto destrozado apartamento. Habla de su problema, de la única forma que sabe, con su saxo. Las notas musicales van y vienen acariciando las paredes destrozadas de su vida, como si se tratasen de palabras de comprensión o compadecimiento de un amigo.

Cartel de la película


Tráiler de la película: https://youtu.be/VD_CAJHIIQE


Ambigú Cinema - "La conversación" de Francis Ford Coppola, 1974.



viernes, 1 de enero de 2021

"La aventura del Poseidón" de Ronald Neame, 1972.

Las sesiones de cine de fin de semana que ofrecía TVE a finales de los 70 y en los 80, junto a la reposición en salas de cine de algunos clásicos o taquillazos de aquella época, me hacían poco a poco descubrir películas que quedaban impresas en mi memoria cinéfila junto a la inocencia y el cariño de aquellos tiempos. Antes de la llegada de Spielberg, Lucas, Coppola,… había contadores de historias cinéfilas que inspiraron a estos últimos y que nos regalaron producciones magníficas, incluso a contra corriente, atendiendo a las inclinaciones temáticas del momento. Una de estas personas fue Irwin Allen. Su vuelta a la gran pantalla en 1972, traería una de las grandes películas de entretenimiento de la historia, y la inauguración de una corriente cinematográfica, la del cine de catástrofes. Aquella película fue y es “La aventura del Poseidón" de Ronald Neame, 1972.


Irwin, productor y conductor de las secuencias de acción, logró balancear perfectamente las secuencias de acción con las de mera interpretación, hallando profundidad en su reparto estelar. La fórmula fue tener a un buen director de intérpretes, Ronald Neame.; y al guionista Wendell Mayes, logrando profundidad a las distintas interpretaciones.

Irwin Allen, Rogert Neame y Wendell Mayes

Se detalló al máximo cada plano, bocetando movimientos de cámara, efectos especiales,… La producción pasó momentos de apuro, pero fue la figura de su productor la que permitió que aquel naufragio ficticio pudiese llegar a buen puerto.

El reparto estuvo formado por grandes artistas de la historia de Hollywood, de dilatada carrera, exceptuando a Gene Hackman, aunque el año anterior ya había logrado su Óscar con el papel del detective Jimmy “Popeye" en “The French Connetion" (1971).

Reparto estelar de la película. 20th Century Fox - 1972.

La historia se centra en la noche de fin de año, y la mala fortuna de encontrarse el “Poseidón" en el camino de un enorme maremoto. La tremenda ola hará que el barco quede dado la vuelta, estando casi todo sumergido, logrando sus pocos supervivientes estar en un mundo al revés de constantes sobresaltos y situaciones de gran apuro. Para poder filmar estas secuencias utilizaron el famoso “Queen Mary" para los momentos anteriores al naufragio, y en los estudios de la Fox, se construyeron los numerosos escenarios invertidos y se filmaron las distintas secuencias de efectos. El trabajo de los actores y actrices fue tremendamente físico.

Fotograma de la película 

La película arrasó en la taquilla. Obtuvo nueve nominaciones y ganó dos Oscar. Uno por la canción (“The Morning After") que se interpreta en el salón de celebraciones (instantes antes de la catástrofe) y otro por sus efectos especiales, destacando la labor de L. B. Abbot. Un artista que estuvo presente en grandes producciones (“El planeta de los simios" de  F. J. Shaffner, 1968; “Patton" de F. J. Shaffner, 1970…) y que se convirtió en el jefe del departamento de efectos especiales de la 20th Century Fox.

Las proezas del departamento de efectos especiales. Mubis.

La película tiene grandes momentos. La ola, el ascenso (en realidad descenso) por el abeto de Navidad de los supervivientes en el salón de celebraciones, el caminar de los protagonistas por los escenarios invertidos, a modo de terrible pesadilla. Y las secuencias submarinas, realizada por los propios intérpretes. Siempre me acordaré de la primera señal de la ola que obtienen en el radar la tripulación. Quizás sea de las imágenes más anodinas, pero en la infancia me impactó.

El mundo al revés dentro del Poseidón. Fotograma.

Si todo ese gran trabajo de producción no fue poco, el metraje cayó en manos del compositor John Williams, que el año anterior ya había logrado su primer Óscar con “El violinista sobre el tejado" de Norman Jewison, 1971. Sus composiciones para el “Poseidón” serían conocidas en todo el mundo, alcanzando su primer gran éxito mundial, sin menos preciar sus anteriores trabajos.

El productor a la izquierda y el maestro Williams a la derecha.
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“La aventura del Poseidón” creó un género, catapultó aún más a su productor Irwin Allen (convirtiéndolo en leyenda) y rescató a 20th Century Fox de un momento económicamente delicado. Al respecto, y a modo de curiosidad, la Fox le prohibió a Irwin filmar la película y este buscó el apoyo de dos amigos para asegurarle la mitad del presupuesto. Estos dos amigos se encontraban jugando una partida de cartas y como Irwin no les dejaba en paz, se lo confirmaron sin más importancia. Irwin se fue a sus asuntos y año más tarde se encontró con un éxito mundial, y aquellos dos amigos, con la mejor mano de cartas jugadas en la historia.

Cartel de la película 


Tráiler de la película: https://youtu.be/H_5w-WmSdz0


Ambigú Cinema - "La aventura del Poseidón" de Rogert Neame, 1972.







"Indiana Jones, en busca del arca perdida" de Steven Spielberg, 1981.

  Pasadas las celebraciones sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús, la mayoría de los españoles hemos podido ver o casi ver, debid...